martes, 25 de febrero de 2020

Trabajo práctico integrador Filosofia.

Hola Santiago: Como acordamos te estamos subiendo un tp integrador de filosofía, que se basa fundamentalmente en la comprensión de conceptos del ámbito de la filosofía que nos permiten entender el pensamiento filosófico desde sus orígenes para luego poder analizar cómo fue evolucionando el pensamiento humano hasta nuestros días. Cualquier inquietud quedamos a tu disposición.Saludos. TRABAJO PRÁCTICO INTEGRADOR:
Filosofía y ciencia
 Compare los textos a. y b. y luego responda
1. ¿Cuál es el problema que se quiere resolver en cada uno de los textos?
 2. ¿Qué hipótesis se propone para dar respuesta a dichos interrogantes?
3. ¿Cómo se intenta justificar cada hipótesis?

. Texto extraído de Filosofía de la Ciencia Natural, de Carl Hempel, Madrid, Alianza Universidad, 1973, pp. 24-25.

 "Tomemos ahora otro ejemplo, que atraerá también nuestra atención sobre otros aspectos de la investigación científica. En la época de Galileo, y probablemente mucho antes, se sabía que una bomba aspirante que extrae agua de un pozo por medio de un pistón que se puede hacer subir por el tubo de la bomba, no puede elevar el agua arriba de 34 pies por encima de la superficie del poza. Galileo se sentía intrigado por esta limitación y sugirió una explicación, que resultó, sin embargo, equivocada. Después de la muerte de Galileo, su discípulo Torricelli propuso una nueva respuesta. Argüía que la tierra está rodeada por un mar de aire, que, por razón de su peso, ejerce presión sobre la superficie de aquélla, y que esta presión ejercida sobre la superficie del pozo obliga al agua a ascender por el tubo de la bomba cuando hacemos subir el pistón. La altura máxima de 34 pies de la columna de agua expresa simplemente la presión total de la atmósfera sobre la superficie del pozo. Evidentemente, es imposible determinar, por inspección u observación directa, si esta explicación es correcta, y Torricelli la sometió a contrastación por procedimientos indirectos. Su argumentación fue la siguiente: si la conjetura es verdadera, entonces la presión de la atmósfera sería capaz también de sostener una columna de mercurio proporcionalmente más corta; además, puesto que la gravedad específica del mercurio es aproximadamente 14 veces la del agua, la longitud de la columna de mercurio mediría aproximadamente 34/14 pies, es decir, algo menos de dos pies y medio. Comprobó esta implicación contrastadora por medio de un artefacto ingeniosamente simple, que era, en efecto, el barómetro de mercurio. El pozo de agua se sustituye por un recipiente abierto que contiene mercurio; el tubo de la bomba aspirante se sustituye por un tubo de cristal cerrado por un extremo. El tubo está completamente lleno de mercurio y queda cerrado apretando el pulgar contra el extremo abierto. Se invierte después el tubo, el extremo abierto se sumerge en el mercurio, y se retira el pulgar; la columna de mercurio desciende entonces por el tubo hasta alcanzar una altura de 30 pulgadas; justo como lo había previsto la hipótesis de Torricelli."

 b. Texto extraído del Laques de Platón (190c -193a) Sócrates.

"Busquemos, pues, en primer lugar, Laques, la manera de definir el valor. Y veremos luego cuál es el mejor medio de asegurar su presencia en los jóvenes, en la medida en que los ejercicios y el estudio pueden conseguirlo. Intenta, pues, responder a mi cuestión: ¿qué es el valor? Laques.-¡Por Zeus!, Sócrates, la respuesta no es difícil: cuando un soldado permanece en su puesto y se mantiene firme contra el enemigo, en lugar de huir, sabe que este hombre es un valiente. Sócrates.-Tienes razón, Laques; pero, sin duda por culpa mía y debido seguramente a que me he expresado con poca claridad, has respondido a una cuestión distinta de la que yo tenía en mi mente. Laques.-¿Qué quieres decir, Sócrates? Sócrates.-Voy a intentar explicarme, en la medida en que soy capaz de ello. Sin duda que el hombre de quien hablas tú es un hombre valeroso, el que firme en su puesto, combate con el enemigo. (...) Pero ¿y este otro que, en lugar de mantenerse en el puesto, se bate retrocediendo? (...) Como los escitas, por ejemplo, que, según se dice, combaten tan bien retrocediendo como avanzando en persecución de los otros. Homero elogia también los caballos de Eneas, “tan rápidos en la persecución como en la huida”; y, hablando del mismo Eneas en persona, lo alaba por esto mismo, por su habilidad en huir, y lo llama “artista en el arte de la huida”. (...) Laques.-Es verdad lo que dices. Sócrates.-Yo te decía, pues, que era culpa mía si tú me habías respondido mal, porque mi pregunta había sido mal planteada. Quería, en efecto, preguntarte no solamente por el valor de los hoplitas, sino también por el de los caballeros y todos los combatientes en general; no solamente por el de los combatientes, sino también por el de los hombres expuestos a los peligros del mar; por el valor que se manifiesta en la enfermedad, en la pobreza, en la vida política; el valor que resiste no solamente a los males y a los temores, sino también a las pasiones y a los placeres, sea por medio de la lucha a pie firme, sea por medio de la huida; pues en todas las circunstancias, Laques, hay hombres que se muestran valerosos, ¿no es verdad? Laques.-En el más alto grado, Sócrates. Sócrates.-Mi cuestión tenía como objeto la naturaleza del valor y de la cobardía. Intenta decirme ahora, primeramente acerca del valor qué es lo que hay de idéntico en todas estas formas. ¿Comprendes qué es lo que quiero decir? (...) Laques.-Me parece que es una cierta fuerza del alma, si consideramos su naturaleza general. Sócrates.-Hemos de hacerlo así, Laques, si queremos dar respuesta a nuestra cuestión. Sin embargo, tengo mis dudas sobre que toda fuerza del alma sea valerosa y te parezca así, y he aquí lo que motiva mis dudas: estoy seguro de que clasificas el valor entre las cosas que son muy bellas. (...) Pero ¿no es la fuerza acompañada de inteligencia la que es bella y buena? Laques.-Ciertamente Sócrates.-Y si va unida a la locura, ¿no es entonces mala y nociva? Laques.-Sí. Sócrates.-¿Puedes tú llamar bella una cosa que es nociva y mala? Laques.-No es en absoluto justo, Sócrates. Sócrates.-No llamarás, por tanto, valor a esta fuerza del alma, ya que ella es fea y el valor es algo bello. Laques.-Dices verdad. Sócrates.-¿Y sería la fuerza de alma inteligente, según tú, la que sería valor? Laques.-Así parece. Sócrates.-Veamos, pues, en qué ha de ser inteligente. ¿Ha de serlo respecto de todo, sea esto algo grande o algo pequeño? Por ejemplo, si un hombre tolera hacer un gasto inteligente previendo una ganancia superior, ¿Dirás tú que es valeroso? Laques.-¡Ciertamente no, por Zeus! (...) Sócrates.-En la guerra, un hombre resiste y se dispone a combatir, porque ha hecho un cálculo inteligente, sabiendo que otros van a venir en su ayuda, que el enemigo es menos numeroso y más débil que su propia parte y que tiene, además, la ventaja de la posición. Este hombre cuya fortaleza de alma se apoya en tanta inteligencia y tantos preparativos, ¿es más valeroso según tú, que aquel que, en las filas opuestas, sostiene enérgicamente su ataque? Laques.-Es este último, Sócrates, el que es valeroso. Sócrates.-Sin embargo, la energía de este es menos inteligente que la del otro. Laques.-Dices verdad. (...) Sócrates.-¿No hemos dicho antes que la fuerza y la energías desprovistas de inteligencia eran feas y nocivas? Laques.-Sí. Sócrates.-Y hemos reconocido que el valor era una cosa bella. Laques.-Sí, de común acuerdo. Sócrates.-Pues bien: he aquí que ahora, completamente al contrario, llamamos valor a esta cosa fea, a esta fuerza del alma que carece de razón. Laques.-Es verdad. Sócrates.-¿Crees, pues, tú que hemos razonado bien? Laques.-De ninguna manera, Sócrates, ¡Por Zeus! 
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Los presocráticos: el cosmos 

1 ¿Cuáles son las cuestiones filosóficas que ocupan a los filósofos presocráticos?
2. ¿Qué diferencias encuentra entre los siguientes fragmentos de Parménides y Heráclito?

 Fragmentos 2, 3 y 5 del Proemio de Parménides

“Atención, pues; que yo seré quien hable; pon atención tú, por tu parte, en escuchar el mito: cuáles son lasa únicas sendas investigables del pensar. Que el ser es y que no hay manera que el ser no sea: es senda de confianza seguida, por verdad. Que el no ser es y que hay manera que el ser no sea: te he de decir que es una senda impracticable y del todo insegura porque no conoces el propio no ser, a él no hay cosa que tienda y nada de él dirías; que son una misma cosa el pensar y el ser. Así que no me importa por qué lugar comience, ya que una vez y otra a lo mismo deberá arribar.”

 Frag. 8

 “No puedes saber lo que no es –es imposible−, ni manifestarlo; porque es la misma cosa que puede ser pensada y existir. Entonces, ¿cómo puede lo que es ir a ser en el futuro? O ¿cómo puede originarse? Si viene a ser, entonces no es; tampoco es, si va a ser en el futuro. Así que el devenir desaparece y el pasar no se percibe.”

 Fragmentos de Heráclito

“No se puede bañar dos veces en el mismo río porque las aguas nuevas siempre están fluyendo encima de ti.” “Camino hacia arriba, camino hacia abajo: uno y el mismo camino.” “El sol es nuevo cada día.”
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 Los sofistas: la argumentación y el relativismo moral

1. ¿Podría reconstruir los argumentos de Gorgias para defender a Helena?
2. ¿Le parecen convincentes?
 3. ¿Qué pretendía Gorgias −al igual que los demás sofistas− con el perfeccionamiento de la argumentación? ( haga referencia al “relativismo moral”)

Elogio de Helena Gorgias. Fragmentos y testimonios. Buenos Aires: Aguilar, 1974 “

(1)

 Perfección para la ciudad es el valor de sus habitantes, para un cuerpo la belleza, para un alma la sabiduría, para una acción la virtud, para un pensamiento la verdad. Las cualidades contrarias a éstas implican imperfección. En un hombre, en una mujer, en un pensamiento, en una acción, en una ciudad, es preciso honrar con alabanzas lo que sea digno de alabanza y cubrir de censuras lo que sea censurable. Pues tan erróneo e inexacto es censurar lo que debe ser alabado como alabar lo que debe ser censurado.

(2)

Y es obligación de un mismo hombre proclamar la verdad y refutar a los que censuran a Helena, mujer sobre la que ha llegado a ser concorde y unánime la opinión de la tradición poética y el significado de su nombre, que lleva consigo el recuerdo de acontecimientos infortunados Yo quiero, razonando con lógica sobre la peyorativa tradición a ella referente, liberarla de toda acusación y hacer cesar la ignorancia, demostrando que sus acusadores están equivocados y descubriendo la verdad.

(5)

No voy a exponer quién, por qué y cómo satisfizo su amor hacia Helena, apoderándose de ella. Pues decir cosas ya sabidas a los que las saben confirma su saber, pero no les produce placer. En consecuencia, pasando por alto en mi discurso el tiempo de entonces, voy a penetrar en el principio del discurso que voy a pronunciar y voy a exponer las causas por las que era natural que se produjera la marcha de Helena a Troya.

 (6)

Hizo lo que hizo ya por decisión de la Fortuna, mandato de los dioses o designio del Destino, ya raptada violentamente, ya convencida con palabras. Si por la primera causa, es un mérito para el que es acusado ser acusado, dado que es imposible impedir la voluntad de un dios con la previsión humana. Pues ha sido establecido por la naturaleza no que el más fuerte sea dominado por el más débil, sino que el más débil sea dominado y sometido por el más fuerte, y que el más fuerte marque el camino y el más débil le siga. Y los dioses son más fuertes que el hombre por su poder, su sabiduría y por otras muchas cualidades. Por tanto, si se ha de atribuir la causa a la Fortuna o a la divinidad, hay que descargar a Helena de su mala fama.

 (7)
Si fue raptada violentamente y sufrió ilegal violencia, y padeció injusta ofensa, es evidente que el culpable fue el raptor, por haber inferido un ultraje, pero la raptada, por haberlo recibido, fue una desventurada. El bárbaro que comete un acto bárbaro, merece ser castigado con la ley, con la palabra y con la acción; con la ley, mediante la pérdida de sus derechos civiles; con la palabra, mediante una acusación; con la acción, mediante una sanción penal. Pero, la que fue violentada, privada de su patria y alejada de sus amigos, cómo lógicamente no sería compadecida antes que difamada? El uno comete un delito, la otra lo padece. Por tanto, lo justo es compadecer a ésta y reprobar a aquél.

(8)
Si fue convencida y engañada en su espíritu por la palabra, no es difícil en este caso defenderla y liberarla de toda acusación. La palabra es un poderoso soberano, que con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo realiza empresas absolutamente divinas. En efecto, puede eliminar el temor, suprimir la tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión. Voy a demostrar que esto es así,

 (9)
 pues es preciso ponerlo de manifiesto ante la opinión de los que me escuchan.

(10)
Las sugestiones inspiradas mediante la palabra producen el placer y apartan el dolor. La fuerza de la sugestión adueñándose de la opinión, del alma, la domina, la convence y la transforma como por una fascinación. Dos artes de fascinación y de encantamiento han sido creadas, las cuales sirven de extravío al alma y de engaño a la opinión. Y, por tanto,

(12)
qué causa pudo impedir que también y de un modo análogo la sugestión dominase a Helena, aun no siendo la primera vez con el mismo resultado que si hubiera sido raptada violentamente? Pues la fuerza de la persuasión, de la que nació el proyecto de Helena, es imposible de resistir y por ello no da lugar a censura, ya que tiene el mismo poder que el destino. En efecto, la palabra que persuade el alma obliga necesariamente a esta alma, que ha persuadido, a obedecer sus mandatos y a aprobar sus actos. Por tanto, el que infunde una persuasión, en cuanto priva de la libertad, obra injustamente, pero quien es persuadida, en cuanto es privada de la libertad por la palabra, sólo por error puede ser censurada.

(13)
 En cuanto a que la persuasión producida por la palabra modela el alma como quiere, hay que fijarse en primer lugar en las teorías de los fisiólogos [en el texto con el sentido de “los filósofos presocráticos”], quienes sustituyendo una opinión mediante la exposición de otra consiguen que lo que es increíble y oscuro se presente como evidente a los ojos de la opinión. En segundo lugar en las convincentes argumentaciones de los discursos judiciales, con las que un solo discurso encanta y persuade a una gran multitud, siempre que haya sido escrito con habilidad e independientemente de su veracidad. En tercer lugar en las discusiones de materias filosóficas, en las que se muestra también la labilidad de la mente en cuanto hacen mutable la confianza en una opinión.

(15)
Así, pues, he demostrado que si fue convencida con la palabra, no es culpable, sino que tuvo mala suerte. Y paso a exponer la cuarta causa con el cuarto argumento. Si lo que originó sus actos fue el amor no es difícil que eluda la acusación de culpabilidad en la que se dice que ha incurrido. Las cosas que vemos tienen la naturaleza propia de cada una de ellas, no la que nosotros queremos. Además, mediante la percepción visual el alma es modelada en modo de ser.

(16)
Y así, cuando la vista contempla personas enemigas revestidas de armadura guerrera con ornamentos guerreros de bronce y de hierro, ya ofensivos ya defensivos, se aterra y aterra al alma, de manera que muchas veces huimos llenos de pavor aunque no haya un peligro en el futuro. Lo verdad de esta argumentación se presenta como poderosa a causa del temor que se deriva de la percepción visual, la cual una vez que se ha producido, hace que se renuncie a actuar, aunque se sepa lo que es bueno según la ley y lo que es justo según el derecho.

(19)
Por tanto, si el ojo de Helena originó en su alma deseo y pasión amorosa del cuerpo de Alejandro, qué hay en ello de asombroso? Si el amor es un dios, ¿cómo hubiera podido resistir y vencer el divino poder de los dioses quien es más débil que ellos? Si se trata de una enfermedad humana y de un error de la mente, no se ha de censurar como si fuera una culpa, sino se ha de considerar como una mala suerte. Y, en efecto, ella marchó a Troya, como marchó, a causa de las insidias que padeció en su alma, no por voluntaria decisión de su espíritu; a causa de la inexorabilidad del amor, no por intrigas de su arte.

 (20)
 Cómo es posible estimar justo el censurar a Helena, la cual hizo lo que hizo enamorada o persuadida con palabras o raptada con violencia, u obligada por el poder divino y que, por tanto, escapa por completo a toda acusación?

 (21)
He borrado con mi razonamiento la infamia de una mujer; he mantenido la norma que establecí al principio de mi disertación; he intentado destruir la injusticia de un reproche y la ignorancia de una opinión; he querido escribir este discurso como elogio de Helena, como un producto de mi fantasía.”